Erica Zuluaga Gómez
Dic 14, 2011
¿Si sé para dónde voy?

Cuando se piensa en el 2012 adicional a todas las especulaciones sobre lo que pasará, se nos viene a la mente “pedir deseos para que el 2012 sea un año lleno de prosperidad”.

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Pero ¿qué pedir? ¿Qué significa prosperidad? ¿Cuáles metas cumplir ?

Hay algo cierto y es que nunca nos enseñaron a pedir, generalmente nos llegan los acontecimientos, las adquisiciones o los logros como por azar. Y es que pedir tiene su ciencia, implica saber:

¿Qué?, ¿cuándo?, ¿para qué?, igualmente priorizar entre lo que se quiere para el presente, para mañana o para tal vez en 5 años, así mismo saber qué es lo más importante y que puede no serlo; finalmente implica estar conectados con la realidad, con las condiciones que realmente tengo y cuáles son aquellas que paso a paso puedo alcanzar, sin hacer de esto una utopía.

Por esto es necesario con toda la calma reflexionar antes de las 12 de la noche del 31 de diciembre a las carreras y con maleta en mano, y clarificar realmente qué es lo que hace parte de nuestras necesidades y qué de nuestros deseos. Entendido el término “necesidad” como algo equiparable a no poder vivir sin ello, por ejemplo la salud que paradójicamente suele ser el aspecto menos importante muchas veces en la mente de quien pide deseos, porque generalmente da por sentado que siempre la tendrá, pero que al menor dolor de uña adquiere un lugar protagónico en la vida de quien lo siente.

En cuanto al “querer o desear” relacionado con el poseer o el tener, por ejemplo nos enseñaron a pedir carro, casa y beca, pero si pensamos detenidamente, ¿beca de último? no se supone que la beca es para estudiar y estudiando se consigue trabajo y un trabajo con disciplina y responsabilidad nos da la oportunidad para conseguir carro, casa y muchos elementos más?

Vieron? empezamos mal, pedir implica ser conscientes de que las cosas no caen del cielo, que no todo aparece de la noche a la mañana, que las escaleras en la vida son altamente valiosas pero que hay que subirlas una a una y que todo se puede proyectar y programar, porque si no direccionamos las metas, cualquier cosa que consigamos posiblemente nos servirá, o peor aún NO será motivante NI satisfactorio, o por el contrario pasaremos enfrente a oportunidades maravillosas, que no podremos aprovechar por no haber hecho el ejercicio y tener la claridad necesaria.

De ahí que el proyecto de vida es una excelente opción de describir qué tengo, qué quiero y hasta dónde deseo llegar, es una oportunidad para “pedir” basados en unos objetivos construidos con tranquilidad, con proyección, con medición y que serán el camino, la guía para transcurrir por una vida que tiene múltiples caminos para llegar a la meta trazada y evitar que todo nos sorprenda.

Por ende el proyecto de vida debe ser integral y contemplar las diversas áreas que como humanos tenemos, a saber: personal, familiar, laboral, social, etc., y solo de esta manera podremos tomar decisiones coherentes en los mismos ámbitos, descartando aquello que no esté alineado a nuestro proyecto de vida individual.

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